nacionalismo catolico venezolano

April 20, 2006

El estigma Chávez

 
 
El estigma Chávez
José Tomás Angola Heredia
Diario 2001

¡O Tempora! ¡O Mores!
Cicerón

Mucha gente, después de estos trágicos siete años, no puede entender por qué una persona como Hugo Chávez continúa gobernando y de paso mantiene niveles de popularidad cuando menos destacables. Obviamente no es el resultado de su gestión de gobierno, el más funesto y corrupto mandato gubernamental en la historia del país.

Tampoco podría achacarse exclusivamente a su verborrea neurótica o simplemente a su carisma, que hay que reconocer que posee. Algo más opera en las mentes de quienes aún admiran y defienden, casi hasta la histeria, a este personaje dañino y destructor.

No soy psicólogo y mis conocimientos en la materia alcanzan los modestos límites del diletante, pero algo logro descifrar. Los venezolanos estamos engañados sobre quiénes somos en realidad. Poseemos una percepción sobre nosotros mismos que en nada se compadece con los hechos.

Por ejemplo, sostenemos como una verdad universal que somos un pueblo pacífico. Para haber salido a lomo de caballo por el continente buscándole pleito a todos los realistas se tiene que contar con un espíritu cuando menos violento. El siglo XIX venezolano es una colección de cruentas y sanguinarias revueltas.

Durante centurias el título más deseado por los habitantes de estas tierras fue el de general, es decir el título máximo en el ejercicio de la violencia armada. No fue el de doctor, o el de señor o el de mísero licenciado, no, fue el aún hoy apetecible título de general. En la actualidad, las cifras de crímenes violentos son muy superiores a la media continental.

En esta esquina latinoamericana todo lo resolvemos a golpes, desde un choque de carros hasta un problema amoroso. Incluso en la forma de hablar los venezolanos somos violentos. Nos valemos del insulto y la burla a cada rato. Así que esa "verdad universal" no la compro. Otro mito habla de que somos una nación de esforzados trabajadores.

Honestamente amigo lector, ¿podría con la mano en el corazón sostener eso? ¡Si nos la pasamos pendientes de ver cuándo echamos un carro, agarramos un puente de vacaciones, le endilgamos el trabajo a otro o nos escapamos de una responsabilidad! Muchos presentan, como prueba de lo trabajadores que somos, el hecho de que el venezolano se levanta de madrugada para ir a laborar y no entienden que eso no tiene que ver con la convicción por bregar, sino con la tragedia de infraestructura en la que viven miles de seres.

Es decir, con el tráfico demencial, viviendo en cerros empinadísimos y con limitados medios de transporte, no nos queda otra. Finalmente un mito muy arraigado dice que somos un pueblo honesto y con valores morales profundos. ¡Mayor embuste! Aquí somos corruptos todos, por acción u omisión.

Y es que corrupción va desde cobrar una comisión de unos millones en un contrato ministerial hasta burlarse de la ley de tránsito. Claro, usted me dirá, hay matices entre ambas.

Pero justamente entre una y otra esquina hay cosas como violaciones a la propiedad privada, comportamientos morales de lo más hipócritas tales como abandonar hogares o irrespetar a las parejas, hurtar una resma de papel de la oficina, matraquear a alguien, habilitar un documento público, colearse en una fila, robarse el celular que quedó mal parado, vivir de la pedigüeñería, mentir para salvarse de un castigo.

Todos los días hacemos un ejercicio de corrupción constante e inconsciente.

Todo lo anterior es la razón para que un tercio como Chávez siga gobernándonos. Él es la expresión más fidedigna, el reflejo más depurado de lo torvo, lo inmoral, lo profundamente torcido que hay en nuestro ser.

Y él produce la bendición automática a nuestro comportamiento habitual y diario. Casi podría sostener que su presencia al frente del ejecutivo valida nuestras más deleznables actitudes. Como diría un viejo slogan político acomodado a los tiempos: Hugo es como tú.

Es por ello que este pueblo no va a cambiar un presidente así en el poder. En realidad es la patente para volvernos más flojos, más inmorales, más corruptos, más violentos. La viveza criolla, tan cercana a la sinvergüenzura, tiene su epítome perfecto en el primer ciudadano de la nación.

Y si a eso se le agrega el odio y la envidia como detonante ulterior, pues tendrá entonces el cóctel perfecto que ningún pueblo auto engañado querrá dejar de beber. Mientras usted no cambie "el Chávez" que lleva por dentro, el otro "Chávez", el gritón y grosero que habla por horas en la televisión, seguirá donde está, haciendo las barrabasadas que hace a diario y destruyendo lo poco bueno y verdadero que habíamos logrado levantar desde 1830.

 

Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://nacionalismocatolico.blogsome.com/2006/04/20/el-estigma-chavez/trackback/

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>























Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Riosoft